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Diversificando el juego, aplicando el nuevo enfoque sin trabajar en el MED

El nuevo bacán

Este nuevo bacán se sabe sujeto de derecho pero básicamente se reconoce con deberes, es sexualmente responsable, tolerante y no teme a los cambios ni a lo desconocido; pero fundamentalmente se siente parte de una comunidad a la que respeta y que ha aprendido a respetarlo.

Nuestras formas de intervención han respondido en estos seis años, a las demandas, gustos y preferencias de la población a la que nos interesa llegar, es por eso que toda nuestra propuesta se basa en la experiencia adquirida en el trabajo personalizado, estrecho y cotidiano.

Habilidades sociales, habilidades comunicacionales, salud sexual y reproductiva, autoestima y empoderamiento son temas trabajados por años pero como ejes transversales, si nos situáramos dentro del nuevo enfoque educativo podríamos decir que hemos diversificado el juego de tal modo que el interés por la participación se mantenga alto y que el aprendizaje y la experiencia se adquiera de manera natural y espontánea.

El juego y la vida cotidiana: espacios privilegiados para el aprendizaje.

En la Restinga hemos privilegiado el juego y el cotidiano como espacios para aprender, partiendo del hecho que sin reglas no existe el juego, la normatividad el respeto y la convivencia armónica son los resultados que obtenemos tras un proceso reflexión cotidiana mientras se produce el hecho lúdico.

Del mismo modo, al ser nuestro espacio de trabajo un lugar en el que un grupo de adolescentes desarrolla gran parte de sus actividades cotidianas y en el cual satisface parte de sus necesidades básicas, la responsabilidad para mantener el espacio en condiciones optimas debe ser compartida, nadie recibe nada sin dar nada a cambio, y el ser reconocido como parte fundamental del grupo exige que se asuma cada vez mas responsabilidades al interior de este espacio, es sintomático que los niños y adolescentes nuevos, que deseen realmente ser integrados por el grupo y sus actividades demanden tareas de responsabilidad al interior de él.

Al partir de las propias demandas y necesidades del grupo, conseguimos que sus necesidades de diversión se transformen en necesidades de conocimiento, y estas a su vez empiecen a tornarse en proyectos de vida.

Las necesidades de pertenencia se transforman en relaciones solidarias y equitativas. El desarrollo de habilidades en talleres se complementa de manera precisa con las necesidades de reconocimiento social y al mismo tiempo que reconocen en si sus capacidades y talentos, mejoran su autoestima. Invitaciones para presentaciones públicas, para facilitar talleres y para participar en capacitaciones y encuentros son el corolario de sus esfuerzos

La cocina, escuela de equidad, solidaridad, responsabilidad y autoestima.

Espacio tradicionalmente femenino en el hogar, la cocina y con ella todas las actividades domésticas que exige el mantenimiento del local son realizadas por adolescentes, niños y jóvenes varones, una decena de estos muchachos se hace cargo diariamente de arreglar un local por el cual pasaran al menos 50 jóvenes al día, y cocinarán 40 raciones de comida. Es este espacio en el que la responsabilidad, la solidaridad y la equidad se manejan de mejor forma, esta exigencia cambia radicalmente su visión de si mismos. En un principio, dichas actividades causan rechazo en muchos de los adolescentes y jóvenes (los niños lo toman de manera mas natural) pero posteriormente se convierte en motivo de orgullo. "cuando me dijeron que tenía que cocinar yo no quería... una vez en mi casa me puse a cocinar para joder a mi papá, el no nos dejaba entrar a la cocina, solo mis hermanas hacían, mi viejo me quiso sacar y yo no me dejé, se molestó pero después comió mi comida, ahora les dice a mis hermanas que deberían aprender a cocinar de mí" (Alberto, 19 años).

El hacerse responsables de la alimentación de un numeroso grupo, el mantener las instalaciones para atender a "otro", nos permite trabajar responsabilidad, solidaridad y genero, "¿los varones también podemos hacer las cosas de la casa, y a veces las hacemos mejor que las mujeres y acaso nos vamos a convertir en cabros por eso?" (Adán, 14 años).

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